La Noche más mágica del año es la noche de Reyes, todos los 5 de Enero las emociones que embargan a los niños se sitúan muy cerca de la ilusión, de la intriga, de la sorpresa, de la alegría… por algo que va a suceder y que al despertar se podrá o no hacer realidad.

Los que no somos tan niños vivimos esa noche según el contexto en que nos sumergimos; nos sentimos cercanos a la curiosidad por saber qué nos deparará nuestro despertar y por otra parte deseamos ver la cara que tendrán aquellos que reciben… sobre todo los más pequeños.

Una noche mágica que se desliza en nuestros corazones con la esperanza de recibir lo deseado o de dejar al libre albedrío lo que los Reyes Magos crean conveniente.

La luz que se observa en los ojos de los más pequeños y la ilusión que le pone cara a cada momento previo hasta dormir… eso es la magia, aquello que es real y que pocas veces hacemos que suceda. La ilusión que todos tenemos en esa noche, nos representa la evidencia sobre lo que se puede conseguir o no.

Es claro que somos capaces, una vez más, de hacerlo, de conseguirlo, de ponernos a ello y lograrlo… No necesitamos dar o recibir algo físico para que cada noche evidenciemos nuestras carencias y las suplamos con este tipo de regalos. Existen multitud de situaciones con las que podemos hacer que cada noche o día podamos viajar con la misma o parecida ilusión con la que hacemos soñar a niños, o la que tenemos nosotros mismos.

Indaguemos dentro de nosotros y preguntemos a los que nos rodean… ¿Qué debemos hacer para que nuestro día a día sea “una noche mágica”?