Tengo que reconocer que este día me produce sentimientos contrarios. Por un lado, se aviva la fuerza que toda mujer y toda persona llevamos en nuestro interior al ver cómo se manifiesta la necesidad de que se comprenda que todos debemos ser tratados con respeto, y que ser mujer no es una condición, sino un valor. Por otro lado tristeza al sentir cada día que aún no está conseguido, y que se necesitan días como el 8 de marzo, el 25 de noviembre y otros, para alzar la voz de forma unida y reivindicar la libertad femenina y el desarrollo íntegro de la mujer como persona y en la sociedad.

 

Los roles que han sido desarrollados por hombres y mujeres, aceptados en algún momento de la historia, hoy no son válidos y aceptarlo es primordial para tener una sociedad saludable. Las acciones respaldadas por valores como el respeto, la comprensión, la igualdad, son las que nos van a acercar a esa sociedad. Y en esto de la igualdad me apetece pararme.

 

¿Qué es la igualdad entre hombres y mujeres? A priori esta pregunta parece tener una respuesta muy obvia, sin embargo creedme que he escuchado y participado en debates de a pie sobre el tema y dan para largo las diversas opiniones… La respuesta va a estar condicionada por la educación y experiencia personal de cada uno. ¿Habéis imaginado qué pasaría si se juntara a un grupo de personas, hombres y mujeres, con la mente borrada para que los prejuicios inculcados no fuesen el motor de su hacer? ¿Cómo pensáis que se tratarán?

 

Tú que lees esto, piensa…¿qué puedes hacer en tu día a día para que tú, tu hermana, tu madre, tu hija, tu compañera de vida, tu amiga, tu jefa, tu compañera de trabajo, tu abuela… sienta que es la mujer única y valiente que realmente es? Date el valor que mereces… dales el valor que merecen….