Artículo escrito por Gabino Carmona Colón                Twiter: Gabino_cc

“Cultiva el espíritu, porque obstáculos no faltarán”.

Confucio.

Hace alguna que otra temporada valoraba con un compañero la idoneidad de ciertos entrenadores para el exigente proyecto deportivo que lideraba. Cuando el factor humano entra en juego -sea cual fuere el sector- medir la necesidad, establecer las competencias y calibrar la posible solución se convierte en algo más complejo que  simplemente poner en acción un engranaje o encajar las piezas de un gran puzzle.

En el análisis final sobre la terna que resultó de su pormenorizado proceso, volvieron a salir las mismas cuestiones que lo habían llevado a decantarse por estos tres: parámetros económicos, concepto deportivo, modelo de juego, metodología de trabajo, capacidad de liderazgo, prestaciones anteriores en escenarios/situaciones similares, gusto del consejo de administración, aceptación de la masa social…; había alguna más, pero entonces trato de introducirle un aspecto quizá algo o demasiado escondido en alguna de las dimensiones anteriormente abordadas.

-¿Cómo valorarías los niveles de comunicación y trato con sus plantillas anteriores, y con el entorno? –le inquiero.

Fija entonces la mirada en mí, para perderla al pronto en el horizonte de la habitación… Ya estaba proyectando desde los datos y la experiencia.

En un mundo extremadamente competitivo, del que no solo no es ajeno el deporte, sino que contribuye más bien a este rasgo, proliferan los profesionales exquisitamente formados, adornados de competencias específicas de puesto como nunca antes se habían tenido en calidad y cantidad. Y eso ayuda mucho a que los proyectos estén contando con excelentes entrenadores, incluso en categorías en las que sus honorarios no hacen del todo justicia a su aquilatada y costosa formación. De hecho, hoy no te diferencia ni es nada relevante que seas entrenador –algo incluso accidental-; te distingue el tipo de entrenador que eres.

Más aún, si eres entrenador o quieres serlo, la cuestión decisiva para ti puede que no sea el hecho de serlo, sino qué tipo de entrenador tienes decidido ser, y por tanto, con qué cuentas para ello (recursos adquiridos), con qué más de lo que tienes necesitas contar (recursos por adquirir), y cómo lo vas a conseguir (Plan de Acción). Fíjate en los matices que pueden ayudarte a ser, finalmente, el entrenador que quieres.

Cierta experiencia en el trabajo con directivos y entrenadores me dice que hay algo que, siempre a cierta igualdad de talento, competencias y capacidades, diferencia a los mejores: la habilidad para la comunicación y la gestión del vínculo. Sí, esto hace diferencia, porque los proyectos suelen acartonarse por este déficit de comunicación y de gestión de las relaciones, de modo que a poco que llueva, ya sabemos las consecuencias. Si no cuidamos nuestro valores soporte (IDENTIDAD) parece complicado llegar a los valores finales (RESULTADOS) esperados desde los valores facilitadores (PROCESOS).

Ciertamente, la comunicación revela la calidad del tejido con el que se cosen las relaciones en un equipo. Se trata de un valor soporte de los grupos y equipos de todo ámbito y sector. Aproximadamente el 80% de las organizaciones con éxito relativo empiezan a tener dificultades en prolongar este éxito o secuencia de logros por una gestión deficitaria de la comunicación interna. El problema es que, como sucede con la mayoría de los valores soporte, su importancia no empieza a cuestionarse hasta que aparecen los primeros problemas, en el mejor de los casos, o cuando la situación ya está a punto de cortocircuitar el proyecto. Qué proporciona entonces la comunicación para que dimensionemos de esta forma su relevancia.

Como ves, una de las más valiosas conquistas de la comunicación como entrenador es la calidad del vínculo desde la que se puede construir tu equipo. Y, sobre todo, lo que esto supone. En esta calidad del vínculo te juegas, nada más y nada menos, que la apertura y limpieza de los canales desde los que se transmitirá a lo largo de toda una temporada tu idea o concepto deportivo, tu modelo de juego o tus procesos de trabajo. Y lo más importante, pondrá en juego algo realmente esencial en tu liderazgo como entrenador, la confianza y la credibilidad, clave para atravesar las tormentas que vendrán.

Puede que, rodeado de tanta exigencia y obligado a gestionar elevados niveles de presión interna y externa, una de la mejores virtudes del entrenador acaso sea, paradójicamente, la de saber tomar distancia, ganar espacio y disponer de esa perspectiva que le permita encontrar claves y diseñar acciones que respondan de la forma más efectiva posible a los diferentes momentos y situaciones que el equipo debe afrontar. Será decisivo para todo entrenador potenciar esa habilidad, propia de un artesano de las personas, para derrumbar lo miedos propios y las inseguridades de tu equipo. En definitiva, para ganar como entrenador esa necesaria libertad interior que dispone para las pequeñas y grandes batallas exteriores. Nadie que no libere su alma puede ayudar a que otros liberen su potencial. Ganar empieza adentro; más adentro.