Estamos deseando que acabe el año para que dé un giro nuestra vida; nos ponemos objetivos, esperanza para que todo nos vaya mejor, deseos de cambios, etc. ¿Por qué utilizamos esta época para “pretender” virar nuestros hábitos? De ahí viene el año nuevo, vida nueva.

En la mayoría de los casos se queda como una maravillosa frase y como una declaración de intenciones. Y las intenciones son algo bueno si van acompañadas de un ‘algo más’.

Un cambio de vida nada tiene que ver con saltar de Nochevieja a Año Nuevo, con comerse las uvas, con desear con los ojos cerrados, o con un brindis por el nuevo año… Tiene mucho que ver con un cambio de ACTITUD, con salir de la monotonía que nos incomoda, con hacer con los ojos abiertos aquello que deseamos cuando los cerramos, con generar confianza para darnos cuenta que sí somos capaces, con ganar en seguridad tras cada paso que dejamos atrás y que nos sirve para construir lo que tenemos por delante… en definitiva, con sentir que día a día crecemos y que notamos un cambio de verdad en nuestra forma de mirar, de pensar… de hacer.

Una vez más queda reflejado que estas fechas son capaces de llamar la atención de nosotros para que, por lo menos, sintamos la necesidad de proclamar a los cuatro vientos algo de cambio… Os animo a que no se quede solamente en agua de borrajas, y que tras el brindis del 31 por la noche pasemos a la acción, no nos quedemos parados, porque si no, tendremos que esperar un año justo para volver a pedir deseos para el 2019.

Es una pena que queden condensadas en estas dos semanas, todas las motivaciones e ilusiones que nos empujan hacia esa ‘nueva vida’, y que… por arte de magia, desaparecen allá por la segunda semana de Enero.

¡Os deseo a todos un Feliz Cambio de Actitud para el 2018!

Articulo publicado el 28 de diciembre de 2017 en La Opinión de Murcia.